jueves, 26 de marzo de 2026

 

PEDRO MARÍA BARRERA Y LANZAS

Bilioteca Nacional de España-BNE

En mi afición de investigar en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España-BNE, localizo en la publicación del periódico EL Imparcial con fecha del 17 de febrero de 1879 un relato del poeta, dramaturgo, cuentista y redactor de almanaques, Pedro María Barrera y Lanzas (Arjón, Jaén 1842 - Madrid, 1897), con varias referencias a Santurce y Portugalete en el que se aprecian ciertos detalles que dejan entrever que en algún momento conoció estas dos localidades.

“Sentados en una roca, que por el Norte se sumerge en las inquietas aguas del Océano y hacia el Sur da seguro cimiento a algunas casas del |alegre pueblecillo de Santurce, poéticamente situado al pie de la cónica montaña de Sarantes, estaba una hermosa tarde de estío dos jóvenes, de distinguida presencia ambos, rubio el uno, moreno el otro, aquel de aspecto delicado y melancólico, éste varonil y sonriente, atento el primero al vigoroso rumor de las pías, que se convertían en polvo de diamantes al chocar contra las peñas, y traduciendo el segundo el ruido vivido que llegaba hasta ellos desde el inmediato pueblecillo, por signo cierto de que emplearían mejor el tiempo vendiendo piropos por sonrisas a las muchachas más hermosas de la colonia veraniega de que formaban parte, que no contemplando filosóficamente el agitado movimiento de aquel mar bravío, cuya sublimidad no le entusiasmaba…

Habían llegado los dos jóvenes a la plaza en que, junto al moderno, magnífico y alegre edificio que casi entre las olas alberga durante los veranos a multitud de viajeros, se alza la iglesia de San jorge de escaso mérito artístico, pero de notable antigüedad. A espaldas de la iglesia, en el pórtico y sus inmediaciones, bullía multitud de curiosos viendo unas barcas pescadoras cargadas de sardinas. La gente de mar y sus auxiliares trasladaban el pescado do las redes a grandes canastas, que sobre la cabeza se llevaban en distintas direcciones las mujeres del país, con tanta ligereza como si la enorme carga no las abrumara más que a una andaluza las flores con que engalana sus cabello…

Ya llegaban a las primeras casas que, aisladas entre árboles y flores, se elevan a uno y otro lado del camino de Portugalete, cuando el ruido de un carruaje les hizo volver la cabeza” …

Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales

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