TAL
DÍA COMO HOY
El que esto escribe, Aureliano Gutiérrez Martín de Vidales, en un principio quisieron que llevara el nombre de mi abuelo León Aureliano, pero parece ser que una vez en el registro civil no se atrevieron a tanto, o que al funcionario de turno no le viniera en gana. Si tengo que decir que durante los siglos XIX y XX la saga de los Gutiérrez tanto en Santurtzi como en Portugalete ha estado acompañado por un varón de nombre Aurelio-Aureliano, y yo tengo el triste honor de ser el último con tal nombre.
Nací en Abatxolo-Portugalete el 10 de febrero de 1955 y según cuenta mi ama; una vez fregada y recogida la cocina, a media tarde de ese día y estando sola en casa fue cuando sintió los dolores del parto. Mi aita Patricio, estaría trabajando en AHV o quizás pescando, mis hermanas y hermanos en la escuela o trabajando, a saber. Pero como ella bien decía, para un parto con una persona basta, y a ser posible que sea la madre del futuro vástago.
En los dolores definitivos Vicenta Martín de Vidales Millas, está claro que es mi ama, y una vez acostada, desde la cama comenzó a golpear con el mango de una escoba el suelo de la habitación para que la asistiera la vecina del piso inferior, gritando ¡Anselma, Anselma, que viene, que viene!, y cuando apareció Anselma en la habitación, le preguntó ¿ Vicenta, ya viene, ya viene?, y mi ama la contestó ¡Ya ha venido!. Y ahí me planté yo hermoso entre dos mujeres. (No llegué a conocer a ninguno de mis dos abuelos y solo a una abuela, a la que visité de niño una única vez en Mora-Toledo. Así que las propinas y alabanzas me las dedico a mi mismo.)
Fue un parto casero, como los de antaño, antes de la epidural y las clínicas de pago, y mucho antes de los beneficios de los 10 días de permiso retribuido. Entonces parir y trabajar era parejo. Nací en una casa humilde, donde el Pelargón brillaba por su ausencia por ser la leche materna nuestro alimento natural, y viví en un barrio regentado por personas maravillosas, donde el cariño y la solidaridad se regalaba en todas las viviendas y vecindad.
Fui el séptimo parto, 23 meses despúes nacería Arantza, la benjamina de la familia, entonces Vicenta contaba con 43 años y Patricio con 48, una edad que recomendaba abandonar los deportes de contacto. A estos ocho hermanos hay que añadir los de Araceli, Antontxu y Migulín, los tres hijos de mi aita de su matrimonio anterior con Felipa Aguado Bastida. Total once hermanos, yo el décimo y puedo asegurar que ese bien tan preciado como es el pan jamás faltó encima de la mesa.
De
aquella casa donde nací y hoy solo queda un solar en la calle La Colina, anteriormente 2ª travesía de Abatxolo, número 9,
segundo izquierda, sin luz en el portal; conservo el recuerdo del miedo que de
pequeño tenía a la oscuridad, aquella
cocina inclinada, la maqueta de un barco de pesca en la entrada; me viene a la
memoria mi difunta hermana Ascensión
limpiando la cocina coincidiendo con el regreso de la escuela, la onza de
chocolate con pan, la merienda de pan con aceite y azúcar, los bocadillos de
morcilla, mi tío Antonio y su perro Sultán, la cama turca, las cucarachas en la
carbonera, la palangana donde nos lavaban, el miedo a meter la cabeza en el
agua, el temor a comer berza, coliflor o habas, la tortilla de patatas en la
cena salvo los sábados y domingos que era el turno de huevos con patatas fritas…
Y aquí estoy para recordar esta efeméride porque la Vida Pasa y el primer acto de nuestra vida jamás lo debemos de olvidar.
Posdata: Si has llegado hasta aquí, me doy por bien felicitado, pero si crees conveniente añadir alguna cosa más no dudes en hacerlo. Atiendo y recibo las 24 horas del día. También recibimos paquetes u otras dádivas en el mismo horario y dirección, porque en mi corazón y en nuestro congelador siempre habrá un espacio para ti.
Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales




Pues simplemente que celebres este día ahí donde te encuentras, en aguas caribeñas 🤣. Zorionak tío!!!
ResponderEliminarGracias maja.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarZorionak, en los menús falta recordar cual era el típico de cumpleaños...🍰
ResponderEliminarChocolate con bizcochos.
EliminarEntrañables recuerdos. Aunque nací 20 años más tarde, algunos de mis recuerdos se asemejan a los tuyos: el eterno sirimiri, los bocadillos preparados por mi madre al llegar de la escuela a casa, mi portal del Ojillo, con una viejísima escalera y la puerta del portal sin llave ni portero automático, las campas de Portugalete donde íbamos a jugar, etc.
ResponderEliminarZorionak, Aure!
ResponderEliminarEgun polit bat pasa dezazula!
Eugenio