domingo, 12 de julio de 2026

 

FELIPE BAZ GONZÁLEZ

IN MEMORIAM



Lo primero que me viene a la mente es la petición de perdón personal por haber tardado tanto  tiempo en recordar en este blog la muerte impune en manos de la guardia civil de Felipe Baz González, vecino de Portugalete que falleció en Galdames el 7 de enero de 1979.

Felipe Baz González, joven de 19 años en el momento de su fallecimiento era mecánico de profesión, y trabajaba en la empresa de Asúa, Sucoin. Residía desde hacía unos diez años con su padres, Germán Baz y María González, en la calle Francisco de Goya, nº2-1 de Portugalete, población a la que se habían desplazado desde Baracaldo. 

La colocación una placa el 10 de setiembre de 2017 por la asociación Memorialista Ahaztuak en el lugar donde murió Felipe, permite que estos hechos y su memoria no queden en el olvido. Si bien el  estado actual de la placa obliga a una reparación y a una mejora de su conservación. Fuera del territorio vasco también hay que mencionar que diferentes  Asociaciones y Grupos Memoralistas   hace tiempo que le recuperaron en la Memoria.



El INFORME DE LA COMISIÓN SOBRE LAS VULNERACIONES DE DERECHOS HUMANOS ACAECIDAS EN EL PERIODO COMPRENDIDO ENTRE LA ENTRADA EN VIGOR DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA (29 DE DICIEMBRE DE 1978) Y EL 31 DE DICIEMBRE DE 1983, reconocía que en aplicación de los criterios expuestos, la Comisión reconoce como víctimas de vulneraciones de derechos humanos en el marco de la transición a las siguientes personas, recordando que esta relación podrá ser ampliada ante futuros casos que puedan revelarse. Entre otros figura; Felipe Baz González.

7 de enero de 1979, Felipe Baz González, muere en el acto, al recibir dos disparos a bocajarro en un control de la Guardia Civil / Asamblea de Leganés por la República 

«El día de Reyes de 1979, Felipe Baz González, de 19 años, militante de CC.OO., hijo de una conocida familia de Portugalete, va en coche con cuatro amigos más cuando un control de la Guardia Civil entre Gueñes y Galdames les ordena el alto. Los chicos obedecen. Los agentes les ordenan bajar del vehículo y los separan. Todo a punta de fusil, así que hay nervios. Un agente vocea y amenaza con un culatazo. Felipe Baz se lleva las manos a la cabeza en un gesto instintivo que la interpretación de uno de los agentes traduce con dos disparos de Cetme a bocajarro, uno en la cabeza y otro en el pecho, que le causan la muerte en el acto. Todo se solventa con el consabido “lamentable error involuntario”. Las armas siempre fueron un error.» 



El motivo de la parada en el control según relato de la policía había sido la denuncia del robo del vehículo en Sopuerta en el que viajaban los jóvenes, punto que jamás se aclaró.

Al día siguiente a su asesinato, se celebró su funeral en Portugalete, donde su familia era muy conocida, para ser enterrado en el cementerio de esta localidad. Unas 2.000 personas acudieron a su funeral, y posteriormente hubo enfrentamientos con la policía. Nadie fue detenido ni juzgado por la muerte de Felipe Baz, fue otro de los crímenes de la violencia institucional de la transición que quedó en la más absoluta impunidad.

Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales

 

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