NAUFRAGIO EN EL
ABRA, FEBRERO 1868
BERNARDINO
CARRANZA GALÍNDEZ
A Bernardino Carranza Galíndez se le realiza misa de funeral el día 22 de febrero de 1868. Había fallecido ahogado el día anterior
al volcar una lancha en la que se había embarcado para dar remolque a una
goleta francesa. Bernardino había sido bautizado en Portugalete el 21 de mayo
de 1812, siendo hijo de José Carranza Castillo y de Ignacia Galíndez Arce.
Contrajo matrimonio en Portugalete el 14 de diciembre de 1840 con María
Esperanza Alizaga Ibarrondo, natural de Gueñes. Tenía entonces dos hijas
solteras, Dionisia y Victoria. AHEB-BEHA
Esta es la crónica del naufragio
donde falleció Bernardino Carranza Galíndez publicada en el periódico El
Euscalduna, el 24 de febrero de 1867.
Carta fechada en Santurce el día 21: Hoy, a cosa de la una y
media de la tarde se dirigía a la barra un bergantín-goleta francés, remolcado
por la lancha Boliza de esta cofradía de Santurce, y por otra de la de Portugalete
y a causa de haber quedado el viento que de afuera traía, al llegar estas dos
lanchas a la barra, el señor piloto mayor D. Juan Simón de Sampelayo que se encontraba
a bordo de la Bolisa, observando que venían mares muy gruesas, dio orden
a ambas lanchas de que prontamente ciaran para poder salir del peligro inminente
en que se encontraban, mandando arriaran los remolques desde el bergantín-goleta.
Estas operaciones se cumplían,
pero desgraciadamente a la lancha de Portugalete que no había ciado lo
bastante, la cogió de lleno un espantoso golpe de mar, tumbándola
completamente. Los lamentos y gritos de socorros de los desgraciados náufragos
se mezclaban con el llanto y sollozos de los de tierra que veían la muerte
segura de aquéllos, sin poder darles ninguna clase de auxilio
El imponderable intrépido y
arrojado piloto mayor D. Juan Simón Sampelayo que había ya salvado el peligro y
se encontraba fuera de barra, sin detenerse en reflexionar el riesgo que corría
con los once hombres que tripulaban su lancha, pasa por entre mar y mar la barra
y se dirige a socorrer a los desgraciados que estaban agarrados ya malamente a
la quilla de la lancha en el punto, más expuesto y comprometido. La lancha se ve
arrollada entre mares irresistibles. La bandera encarnada desaparece entre las
formidables olas, y sin embargo de todo, se oye la voz fuerte del Sr.
Sampelayo, dando a sus tripulantes enérgicas órdenes de «adelante, adelante,»
manejando al mismo, tiempo con la mayor destreza el remo de gobierno
Al llegar ya a poder salvar los
náufragos recibe su lancha dos golpes de mar, que la dejan ya casi sumergida,
haciendo uno de ellos pierda el equilibrio este señor, y que afortunadamente
cuando ya era arrastrado, fue cogido por el tripulante D. Teodoro de Castaños.
En este estado, y con la lancha
ya anegada de agua, crece y se aumenta de una manera espantosa el arrojo y
valor del Sr. Sampelayo, y venciendo, puede decirse, de este modo milagrosamente,
la bravura del mar consigue arrebatarle ocho víctimas que tenía seguras,
trasbordando con el mayor orden a su lancha los ocho náufragos que había, visto.
Les interroga sí faltaba alguno, y le dicen que no, porque el bergantín goleta
debía llevarse asido a un cabo al que faltaba: sin embargo, se detiene bastante
tiempo observando en el punto del siniestro, y no apareciendo ningún infeliz
que salvar, marcha con su lancha casi a pique, y sin tener con qué achicarla, hacia
Portugalete, entrega los ocho náufragos, y vuelve con auxilio de otra a traer
al mismo puerto la lancha perdida.
La carta termina manifestando
haber fallecido dos de los náufragos con posterioridad, recomendando el heroico
comportamiento del Piloto y demás tripulantes de su lancha.
Santurtziko Genealogia Zaleak
Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales




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