VITORIA 1ª GUERRA
CARLISTA
DESPACHOS DE
GUERRA, OCTUBRE 1833- ABRIL 1834
El pasado día 28 de abril, festividad de San Prudencio, al visitar Armentia y comprobar en la fachada sur de la basílica
las muestras de proyectiles sobre la pared, se despertó mi curiosidad por
conocer desde cuándo y porqué está dicha pared en esas condiciones. Sin
proponérmelo, esta duda se ha convertido en una serie de investigaciones que me
llevan a conocer los hechos que sucedieron en la 1ª guerra carlista en Vitoria,
y que publico en forma de cronología a través de los datos recogidos de la
prensa consultada en la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional Española (BNE).
Sobre el origen de los impactos
en las paredes de la basílica siguen siendo un misterio y hoy en día no he
resuelto mis dudas. En algunos documentos he encontrado referencias que los
relacionan con las luchas y posteriores fusilamientos en esta pared entre: carlistas,
liberales, o de civiles en la 1º guerra carlista o bien de franceses, españoles
y otras nacionalidades en la guerra independencia, etc.
Por mi parte al no encontrar en
la prensa noticia alguna de fusilamientos en Armentia, me inclino a que la
batalla de Vitoria sucedida el 21 de junio de 1813, y la confrontación armada
en las cercanías de Armentia y de la iglesia de San Andrés, hoy Basílica de San
Prudencio de Armentia, tenga mayor responsabilidad en los fusilamientos, que
los hechos armados que sucedieron en
Vitoria entre los años 1833-1834, periodo de mayor concentración armada en la
1ª guerra carlista en esta capital. En ambos
casos, bien pudieran ser fusilamientos aislados en unos contextos bélicos ignorados
por la prensa de la época.
COMIENZO
DE LA 1ª GUERRA CARLISTA EN VITORIA
DESPACHOS
DE GUERRA
Boletín del Comercio, 11 de
octubre de 1833. El día 3 de octubre por la tarde hubo en la villa
de Bilbao un movimiento contra la sucesión legítima y directa del trono
español. El corregidor de Vizcaya y uno de los diputados se vie ron precisados
a huir, y en el tumulto fue muerto un joven, cuñado de este último.
En Vitoria hubo el día 7 de
octubre otro movimiento de la misma clase y en el mismo sentido. Los fautores
han detenido la mala de Francia, (El término mala es un préstamo del
francés malle, que significa 'cofre, valija' y hace referencia al servicio
postal). el correo de Madrid y todas las diligencias que
transitaban de una parle a otra. Parece que este ejemplo ha sido imitado en
Logroño. Los desórdenes han procedido de algunos comandantes de voluntarios
Realistas que han logrado seducir muchos individuos de esta arma.
Parece que en Bilbao dispusieron
y dirigieron el movimiento el brigadier Zavala y el marqués de Ermua; en
Vitoria el coronel de voluntarios Realistas Verástegui, con los voluntarios de
esta ciudad y de las cercanías: en Logroño el oficial retirado D. Santos
Ladrón.
Los alborotadores de Vitoria
capitaneados por un tal Verastegui, por un fraile que no vive en su convento, y
por un confitero arruinado, han señalado el principio de administración
revolucionaria por un hecho escandaloso y brutal, apoderándose de la correspondencia
pública, deteniendo a los viajeros, e interceptando las comunicaciones
regulares.
El Correo, 11 de octubre de 1833. Hemos
oído a personas que se suponen bien informadas, que tan pronto como se supo en
Francia el atentado que-han cometido en Bilbao y en Vitoria los que se han
pronunciado contra la legitimidad de los derechos al trono de nuestra augusta
Reina Doña Isabel II, las autoridades limítrofes hicieron a las de nuestra
frontera las más cordiales ofertas, en los mismos términos que lo ha verificado
a nuestro Gobierno el embajador de aquella nación.
Con motivo de la intentona de algunos hombres turbulentos en Bilbao salieron de Vitoria las pocas tropas que allí existían, dirigiéndose a sofocar una sedición, que no encontró apoyo en el pacífico vecindario.
Animados los mal intencionados
que habla en Vitoria con esta circunstancia, se sublevaron contra el Iegítimo
gobierno de nuestra joven Soberana doña Isafabel II, y han detenido la
correspondencia de la mala de Francia. Es de esperar que esta tentativa no
produzca otro resultado que el de dar a conocer ríanos cuantos díscolos, cuyas
maniobras no hallan en los hombres sensatos el auxilio que se imaginan.
Las demás provincias se
mantienen, así como esta capital, en la más completa tranquilidad. El referido
incidente hace que no podamos dar cn este número las noticias extranjeras que
corresponden al correo de hoy, como lo verificaremos inmediatamente que recibamos
los papeles, que esperamos no tarden.
Boletín del Comercio, 15 de
octubre de 1833. Por las comunicaciones que ha recibido el Gobierno
de S. M. la Reina Gobernadora del capitán general de las provincias
vascongadas, su fecha en Tolosa a 8, 9 y lo del presente mes, se sabe que
habiendo salido este general en la mañana del 5 de la plaza de S. Sebastián con
dirección a Bilbao para castigar la criminal sublevación ocurrida en aquella
villa, tuvo noticia en Azcoitia de que los sediciosos se adelantaron hasta
Çibart, y propagando tan detestable ejemplo se había suscitado en Vitoria igual
movimiento de rebelión, dirigido por Verástegui y otros cabecillas; cuyas
circunstancias movieron al expresado general a detenerse y marchar a Tolosa,
donde en franca y libre comunicación con el virrey de Navarra espera las tropas
que se han destinado y están en marcha para dirigirse rápidamente sobre
Vitoria, desbaratar de un golpe a los perturbadores de dicha ciudad, y
continuar sus operaciones hasta arrojar de Bilbao, y exterminar en las
provincias de Vizcaya y Alava, a los promovedores de las turbulencias que
afligen a sus pueblos.
La Revista Española, 15 de
octubre de 1833.
Una persona para nosotros muy fidedignas ha leído, un pasaporte expedido en
Vitoria por el fraile que allí ejerce la autoridad de intendente de Policía.
He, aquí los términos en que está concebido: ¡Viva Carlos V! Año primero de la
Cristiandad. Nos Fray Eulano concedemos pasaporte, etc. para pasar a la
revolucionaria villa de Madrid de fianza prestada por D. Fulana de tal, de esta
vecindad.
El Correo, 17 de octubre
de 1833. Se
dice que en el puente de Miranda han sido batidos y destrozados por los
voluntarios que manda el general D. Fernando Butrón, los facciosos que habían
enarbolado el estandarte de la rebelión en Vitoria, con la prisión y muerte del
cabecilla Verástegui. También se asegura que González y los demás fugitivos de
la facción de Talavera de la Reina han sido aprehendidos en el pueblo de
Miajadas.
Creemos que nuestros
lectores no verán con disgusto el ridículo estilo de los pasaportes que la
facción de Vitoria daba a los transeúntes. Para su inteligencia debemos
advertir que el primer día solo dieron una papeleta impresa en cuatro dedos de
papel en estos términos:
Pase D. N. N... Vitoria de
octubre de 1833. Mendoza.
Pero los días siguientes
nombraron superintendente de policía aun tal Fr. Pedro Jiménez Vaca, el cual
daba los documentos en esta forma:
PRIMER AÑO DE LA
CRISTIANDAD.
Nos Fr. Pedro Jiménez
Vaca:
Concedo libre y seguro
pasaporte a N., de profesión
C. A. R., natural de
Vitoria, para que pase a la villa
revolucionaria de Madrid a
diligencias propias de la legitimidad
del emperador Carlos v.
Deja afianzada SU conducta
de catolicismo. Dado en
Vitoria Sic.
Fr. Pedro Vaca.
Boletín del Comercio, 18
de octubre de 1833. Tenemos
noticias de que en la correspondencia interceptada por los sediciosos de
Vitoria venían del extranjero muchos cupones de nuestra deuda consolidada
pertenecientes a los réditos del semestre vencido que se está pagando en la
Real caja de amortización. No dudamos, pues, que esta oficina superior
examinara con el mayor escrúpulo las carpetas que se presenten acompañada de
los cupones para asegurarse bien de que las firma son de personas conocidas y
de responsabilidad notoria.
La Revista española, 22 de octubre de 1833.
En Vitoria se efectuó el movimiento revolucionario el 7, en cuya mañana D.
Valentín Verastegui al frente de tres o cuatro batallones intimaron al
comandante de armas de dicha ciudad el Sr. Villasana que se retirase con su
tropa o que se preparase para recibirle, puesto que iba a atacar la ciudad.
Esle después de haber consultado el estado de fuerzas de aquel y el de las
suyas, que solo alcanzaban 200 hombres, vio que comprometía la suerte de aquel
vecindario, la seguridad de su muy reducida fuerza, y finalmente, la del primer
choque entre las fuerzas de S. M. la Reina (Q. D. G.) con hacer una defensa al
parecer inútil, y se resolvió a retirarse con todos los honores militares para
San Sebastián. En su consecuencia entró dicho Verastegui en la ciudad, se
erigió en presidente de una junta que creó bajo el nombre de junta Suprema;
proclamó a Carlos V, suspendió de sus funciones al Sr. administrador de Correos,
admitió la cooperación del ordenador del ejército Zabala, puso la fuerza armada
a las órdenes de los exentos de guardias Martínez, Breña y coronel Vea Murguia,
y no hizo más alteración en las administraciones de Correos, Aduanas, etc.
Puede asegurarse que el pueblo sorprendido y aun amedrentado ha reprobado lo
hecho, y que solo los Voluntarios Realistas han tomado y toman parle activa en
la rebelión. El 11 despachó Verastegui, para Miranda, una columna al mando de
Vea Murguía y Breña, compuesta del batallón de Voluntarios Realistas de Vitoria
y otro de los pueblos circunvecinos, la cual se adelantó hasta Pancorvo.
El Correo, 23 de octubre de 1833. El
general D. Federico Castañon continúa en Tolosa con su columna aguardando las
demás que por distintos puntos se dirigen hacia Vitoria, para cooperar y
destruir la facción que ocupa a esta ciudad.
La Revista española, 25 de
octubre de 1833. Los sublevados de Vitoria, según las últimas noticias,
estaban muy discordantes entre sí, y a proporción que se acercaban las
valientes tropas de la Reina Nuestra Señora, se entregaban a muy violentas
disputas. Sabedores de que la Francia no da asilo, ni entrada, a los que no
llevan pasaporte de las Autoridades legítimas, se ven muy apurados sobre el
punto en donde deberán refugiarse en la crisis que les espera. La mayor parte
de ellos han abandonado la ciudad, y buscan amparo en la aspereza de las
montañas.
Diario Balear, 27 y 31 de octubre
de 1833. Se dice que en el
puente de Miranda han sido batidos y destrozados por los voluntarios que manda
el general D. Fernando Butrón, los facciosos que habían enarbolado el
estandarte de la rebelión en Vitoria, con la prisión y muerte del cabecilla
Verástegui.
En Vitoria son unos frailes los que se ponen al frente del levantamiento, y se reparten los empleos. ¿Que tienen que verlos frailes con los asuntos políticos? Su obligación es permanecer en el fondo de sus conventos, y no cuidarse en lo más mínimo de cuanto pasa fuera de ellos.
Cuartel de de caballería de Vitoria 1830
Diario Balear, 6 de noviembre de
1833. Madrid 25 de octubre.
Acabamos de recibir y nos apresuramos a dar publicidad a los siguientes
importantes documentos.
La escandalosa y temeraria
rebelión con que una facción criminal ha tenido la osadía de sustraerse del
Gobierno legítimo de nuestra Augusta y adorada Reina ISABEL II , y del de 1a
Reina madre tutora y Gobernadora del Reino durante su menor edad, pronunciando
en Vitoria y Bilbao el sedicioso grito de proclamar a Carlos V por Rey de
España , sublevando al efecto al Señorío de Vizcaya y provincia de Alava, y
armando sus habitantes para sostener unas pretensiones tan ridículas como
reprobadas, injustas y crimínales, me han descubierto plenamente la existencia
del germen de la rebelión que de muy atrás había previsto en dichos dos pueblos
sostenido por los directores y corifeos, del partido que ellos mismos llaman
Apostólico...
Boletín del Comercio, 15 de
noviembre de 1833. Los facciosos de Vitoria no guardan respeto ni
consideración a nadie para ellos la inmunidad de la correspondencia de los
gobiernos extranjeros es tan insignificante como otras muchas cosas que
desprecian altamente. Mr. Buquet, correo francés despachado desde París con
pliegos para el señor Rayneval, ha sido robado y apaleado brutalmente; le
quitaron y despedazaron los pliegos que traía, y ha tenido que retirarse a pie a
Bayona. ¡Cuántos compromisos no causarían a la nación gentes tan indómitas y
feroces si llegaran a apoderarse de la dirección de los negocios!
Boletín del Comercio, 22 de
noviembre de 1833. Han llegado a Madrid varias personas que han
salido hace pocos días de Vitoria. Los revolucionarios no han podido catequizar
a ninguna de las clases acomodadas, la fuerza que tienen carece de todos los
elementos que la hacen respetable; y ya empezaban a sentir la falla de
numerario, pues habían suspendido la gratificación de una peseta diaria que
daban a los soldados. Una cosa notable, y que está contestada por todos los que
vienen de Vitoria, es que los desórdenes no empezaron hasta que llegaron allí
algunos canónigos y frailes de Burgos que predicaban el exterminio y la muerte
de todos los que no querían la rebelión, y que ellos designaban con el nombre
de liberales. Ya saben estos la caritativa y piadosa afición que les profesan
los cristianos de este año primero de la cristiandad rebelde.
Boletín del Comercio, 26 de
noviembre de 1833. Oficio recibido en el ministerio de Guerra. Excmo.
Sr.: La diputación general y junta particular legítima de la provincia de
Alava, restituida a la libertad de que ha estado traidoramente privada desde el
día 7 de octubre último, aprovecha los primeros momentos de su rescate para
rendir a S. M. el tributo cordial de su lealtad.
En la respetuosa exposición y
copia de la circular que acompaña verá V. E. el aniquilamiento de la facción
revolucionaria, y el buen espíritu que no ha podido pervertir y se muestra
ahora más enérgico que nunca en sus pueblos.
Dígnese V. E. ponerlo todo en
conocimiento de S. M., inclinando su Real ánimo en favor de unos vasallos que
nunca la han tenido más en su corazón que cuando almas resucitadas de la edad
media querían oscurecer su idolatrada imagen.
La premura del tiempo no permite a
la diputación y junta legítima extenderse más por ahora, como lo hará en el parte
que indica en la exposición a S. M. Dios guarde a V. E. muchos años. Vitoria 22
de noviembre de 1833. Iñigo Ortes de Velasco.
= José Antonio Díazde Sarralde. —Joaquín de Urbina. =Diego López Cano. = Manuel
de Arandia.
P. D. En este momento se acaba de
recibir la agradable |noticia de que uno de los tercios que se formó con los
mozos |de los 43 pueblos de la jurisdicción de Vitoria, acaba de hacer armas
contra sus jefes, disolverse por sí mismo y correr a sus casas. = Ortes, Excmo.
Sr. Secretario de Estado y del Despacho de la Guerra.
La Revista española, 26 de
noviembre de 1833. Algunas personas procedentes de Vitoria, en
donde estaban retenidas por la facción rebelde, declaran que la vigilancia y
extremado rigor que últimamente se empleaban en aquella ciudad con los
forasteros viajantes había llegado al último extremo de pesquisa y vejación. Los
canónigos que formaban la Junta bajo la presidencia de Verástegui eran los que
con más encarnizamiento hablan introducido este abominable sistema.
Diario Balear, 4 de diciembre de
1833. El general Sarsfield batió en Peñacerrada y otros puntos, a
los rebeldes alaveses que se le opusieron, destrozándolos completamente. Entró
en Vitoria el 31 sin la menor resistencia, habiéndole salido a recibir una
diputación: los sublevados más comprometidos huyeron en diferentes direcciones
Boletín del Comercio, 6 de
diciembre de 1833. El general Sarsfield publicó un bando en Vitoria
para que no se hiciese la menor vejación a los habitantes, y que en el término
de veinte y cuatro horas se entregasen todas las armas bajo pena de la vida;
todos se apresuran a recogerlas y presentarlas, y entretanto reina el mayor
orden y tranquilidad. Cuartel general de San Sebastián 25 de noviembre de 1833.
=Federico Castañón
La Revista española, 13 de
diciembre de 1833. El 6 de madrugada salió de Vitoria, con
dirección Vizcaya, la brigada que se hallaba allí de guarnición al mando del
Sr. Benedicto, compuesta del 3º de línea, el regimiento de Compostela, y alguna
caballería. Verastegui, los Brenas, Martínez y los que componían la junta de
Álava, han llegado a Bayona. Llevaban más de 300000 reales.
Boletín del Comercio, 17 de
diciembre de 1833. El general Pastors, con su columna, había entrado
en Vitoria el mismo día 14.
Diario Balear, 22 de noviembre de
1833. Al principio de la revolución dicen que facilitaron los
conventos de S. Francisco y Sto. Domingo de Vitoria 100 duros cada uno para
atender a los gastos de un gobierno, que sí hubiese triunfado les hubiera
indemnizado ampliamente de estos sacrificios, al menos si se lo prometían
ellos.
Es muy de notar el heroico
comportamiento de los soldados del regimiento de S. Fernando que quedaron en el
hospital de Vitoria el 7 de octubre hubo entre ellos un gastador, que hostigado
por el comandante de armas Martínez para que jurase a Carlos V, le contestó:
que como militar no tenía opinión; que había jurado fidelidad ante las banderas
de su regimiento, y que sin orden de su coronel no podía reconocer ni jurar
cosa alguna.
Boletín del Comercio, 17 de
diciembre de 1833. VITORIA 21 de diciembre. Ibarrondo, hermano del
indultado en la Coruña, hizo pasar ayer por las armas a dos celadores que
estaban en la cadena de Altube cobrando el portazgo. Así pagan los
facciosos los beneficios que les hace la Reina. Han llevado presos a Bilbao a
cinco curas de Orozco, e igual número de Llodio con el boticario del primer
pueblo, a quien conduce bien asegurado.
La Revista española, 24 de
diciembre de 1833. El 15 entraron en Vitoria los nuevos celadores o
miqueletes de la provincia, al mando del valiente capitán García, su
comandante, el cual en su primera salida de dos días se apoderó de 5 fusiles,
varios sables, pistolas, otras armas y dos prisioneros. Las partidas de
facciosos que ha encontrado, aunque bastantes en número, están reducidas al máximum
de 15 ó 20 individuos, los cuales disparan de lejos algunos tiros y luego huyen
a refugiarse al monte.
El Compilador, 3 de enero de 1834.
Vitoria, 30 de diciembre. Hace tres días que está nuestro nuevo comandante
general, el Sr. Carratalá, en los confines de Vizcaya con los regimientos de
Córdoba y Chinchilla y otros tantos que tenemos a dos leguas de esta ciudad las
facciones de Navarra y Alava; a saber, cinco batallones que llegaron el viernes
por la tarde a los pueblos de Alegría y Guevara, y al siguiente pasaron a
Murieta, Landa y Ullibarri, habiéndose dirigido hoy hacia Arriola; y otros tres
batallones que se hallan cerca de Araoz. Ignoramos donde paran Mina y las
tropas de su inmediato mando. Es muy notable el decaimiento de la facción y su
falta de recursos.
La Revista española, 10 de enero
de 1834. En Vitoria se ha verificado la elección de Ayuntamiento
para el año de 1834 y ha recaído en personas generalmente dotadas de arraigo,
crédito, y adhesión al Gobierno de nuestra legítima Soberana. De la misma
ciudad escriben que el 1º del corriente fueron arrestados por la policía y
puestos en la cárcel pública tres franceses y un italiano, personas muy
decentes en sus trajes. A uno de los primeros parece habérsele recogido una
cartera que contenía documentos interesantes, y los tres presos permanecen
todavía incomunicados.
La Revista española, 14 de enero
de 1834. El general en jefe del ejército de operaciones desde su
cuartel general de Vitoria manifiesta con fecha del 9, que la columna del
coronel D. Bartolomé Amor, después de haber pernoctado la noche anterior en
Orozco, se había dirigido sobre Bilbao en la mañana de aquel día. El mismo día
había sido pasado por las armas en Vitoria el alférez Pedro Anchia, por
haber sido aprehendido reclutando mozos de los pueblos.
La Revista española, 17 de enero
de 1834. En Vitoria se está organizando por el ayuntamiento la
Milicia Urbana. Ha sido nombrado Comandante de los Miqueletes el cura del lugar
de Dallo. Fuertes motivos deben haber para que se haya accedido a los deseos de
aquel eclesiástico valiente, permitiéndosele que en las actuales circunstancias
salga al campo ceñido con la espada. El general Valdés, según noticias de
Vitoria, salió de dicha ciudad el 14 en dirección del camino de Navarra, con
todas las tropas que había disponibles, que serían como unos 2ooo hombres.
Escriben de Vitoria que hace
pocas noches se dio en la calle un grito de viva Carlos V, y se disparó un tiro
contra un centinela inmediato. Se acudió inmediatamente, y en una casa que se
registró se halló una casaca de realista recién arrojada al lugar común; se
arrestaron varias personas, y la comisión militar sigue la causa,
La Revista española, 31 de enero
de 1834. En comunicaciones de Vitoria se refiere, que unos cuantos
ladrones, con nombre de aduaneros, cuyo número no excedía al principio de 10, y
que después se ha aumentado hasta 3o ó 4o, tenían la misión bárbara de detener
los correos, y robar políticamente a los caminantes, con título de derechos de
Real Hacienda en favor del Emperador Carlos V.
El Siglo, 4 de febrero de 1834. Según
cartas de Vitoria que tenemos a la vista, con fecha 1 de febrero entre otras
cosas se nos dice: Hace más de 14 días se halla detenida en esta la
correspondencia de Francia.
Boletín del Comercio, 11 de
febrero de 1834. Vitoria 6 de febrero. Circular de la diputación.
El señor Gobernador militar de esta provincia ha pasado al señor diputado
general de ella el oficio siguiente:
Gobierno militar de la provincia
de Álava. Siendo continuas las quejas de que la entrega de armas no se ha hecho
en su totalidad a pesar de lo mandado en los bandos del Excmo. Sr. general en
jefe del ejército de operaciones», se hace necesario que se digne V. S.
publicar uno por momento en que se ordene la entrega en los almacenes o sitios
que disponga, tanto de aquellas como de cualquier otro pertrecho de guerra ,
anunciando que sin embargo de lo dispuesto en las órdenes anteriores» no se
tratará de averiguar la procedencia, ni se hará cargo alguno de las personas
que las presenten, haciendo extensiva esta disposición a todos los pueblos de
la jurisdicción de V. S.; en la firme inteligencia, que si no se verifica en el
término de dos días se practicará el
reconocimiento domiciliario más escrupuloso en las casas sospechosas o que se
crean convenientes, y los que hayan ocultado sufrirán la pena de ser
fusilados en virtud de los bandos de S. E. Dio» guarde 4 V. S. muchos año».
Vitoria G de febrero de 1834. =» Pedro de la Peña. «=Señor diputado general de
esta provincia.
Boletín del Comercio, 14 de
febrero de 1834. Participa igualmente que el brigadier Jáuregui, de
resultas de un reconocimiento que hizo en los alrededores de Aranzazu, había
apoderado de dos cañones y un obús hallado en una zanja y cubiertos con ramaje,
los cuales pertenecían a los voluntarios realistas de Vitoria, y los retiraron
de esta ciudad a la entrada en ella de las tropas de S. M. la Reina nuestra
Señora.
Diario balear, 15 de febrero de
1834.
La línea de aduanas de los carlistas se halla establecida a tres leguas de
Vitoria, viéndose los comerciantes en la precisión de ir a pagar los derechos
que se imponen sobre las mercancías que les vienen dirigidas, a falta de lo
cual les echan embargo los insurgentes.
Boletín del Comercio, 16 de
febrero de 1834. Avisan de Vitoria que se ha presentado al indulto
D. Pedro Novia, individuo de la antigua diputación de Vizcaya, y uno de los
primeros jefes de la facción del señorío. Para dirigir las operaciones
militares en las tres provincias vascongadas bajo las órdenes del general en
jefe del ejército del norte durante la misión de este en Navarra, su ha dignado
S, M. nombrar interinamente al mariscal de campo D. Juan Moscoso, jefe de la
plana mayor general del mismo ejército, residente a la sazón en Vitoria.
Boletín del Comercio, 28 de
febrero de 1834. El día 19 destacó el gobernador militar de Alava
una columna sobre Arlaban al mando del coronel Ichaza, quien logró batir una
pequeña partida de rebeldes, aprehendiendo cinco, entre ellos a su jefe el
canónigo D. José Arbulo, que fue el día 20 pasado por las armas en Vitoria,
vestido con su uniforme.
Boletín del comercio, 21 de marzo de 1834. El 16 del corriente a las 8 de la mañana, a favor de una marcha de nueve leguas y de una niebla densísima, la facción de Navarra mandada por Zumalacárregui y Eraso acometió a la ciudad de Vitoria: estas ventajas fueron burladas con mengua de los atacantes y gloria de los defensores, por la celeridad , el denuedo y la firmeza con que aquel pueblo fiel rechazó la agresión, siendo muchos los rasgos brillantes de las tropas y de los milicianos urbanos, pues se disputaban la ocasión de pelear y vencer. Los facciosos fueron a su vez atacados por estos leales, y hubieron de abandonar el campo con gran pérdida, huyendo por el mismo camino de Navarra. El general Osmá, que da este ligero aviso, en la noche del mismo día, añade que habían sido fusilados ya varios facciosos, Lo mismo dice él comisionado regio de Alava Don Vicente Pereda al ministro de Gracia y Justicia, añadiendo que la conducta de los urbanos y de los leales habitantes de la ciudad fue tan honrosa como la del ejército: que el ayuntamiento le había auxiliado completamente y desplegado un gran celo y decisión por la causa de S. M. ; y que su compañero el comisionado regio de Vizcaya D. José Alonso estuvo a su a do constantemente. . , S. M.. que espera ansiosa las noticias de los que se hayan distinguido en aquel glorioso suceso, se ha dignado mandar se envíen desde luego , como se ha verificado , 20 cruces de Isabel II para que el general Osma las distribuya entre los más beneméritos individuos de tropa y de la milicia urbana, poniéndoselas al frente de banderas; y ha dispuesto igualmente que así el expresado general como el comisionado regio den desde luego gracias en su real nombre y el de su augusta liga a cuantos tuvieron parte en la acción.
Parles recibidos en la Secretaría
de Estado y del Despacho de la Guerra.
Boletín del comercio, 23 de marzo de
1834. Por los partes del 17 se sabe que los facciosos que atacaron a Vitoria
eran los navarros y alaveses junios, los cuales se separaron a una legua de
Salvatierra, dirigiéndose aquellos a la Borunda y estos a Heredia.
La defensa de Vitoria ha sido
tanto más gloriosa, cuanto que hallándose empleada la fuerza disponible de
aquella provincia en la persecución de los facciosos de las inmediatas, y
señaladamente de los que con el cabecilla D. Basilio pasaron a La Rioja, donde
son vivamente perseguidos; solo se encontraban en aquella ciudad los reclutas y
los urbanos.
Una multitud de paisanos
acompañaba a los facciosos con hachas y sacos para saciar su codicia, la cual
les hizo marchar en 24. horas más de nueve leguas. A la primera noticia acudió
velozmente a Vitoria el coronel Ichazo, que manda la columna móvil de Alava y
la guarnición de la Puebla; se posó en movimiento la de Miranda, y el brigadier
Espartero corrió de Durango a Ochandiano para seguir si hubiese sido preciso.
Este brigadier batió el 15 por la
tarde en Ceanuri a los cabecillas Luque y Latorre, matando algunos facciosos,
haciendo varios prisioneros, y cogiendo fusiles y otros efectos.
El 18 entraron en Vitoria desde
Vizcaya para seguir a Navarra el 4º regimiento de la Guardia Real de infantería,
y los cazadores acaballo de la misma Guardia Real. El comandante militar de
Logroño dice que el día 17 verificó una salida la corta guarnición de aquella
ciudad para atacará 40 rebeldes montados que se habían adelantado hasta Fuenmayor, los que, acosados y perseguidos por espacio de cinco horas, huyeron hacia
la villa de Albelda, donde se hallaba el grueso de la facción de D. Basilio,
cuya intención según parecía era la de pasar el Ebro y volver a sus antiguas
guaridas.
La oportuna llegada a Viguera de
la columna mandada por el comandante D. José Rafecas desconcertó el plan de los
rebeldes, que, habiendo sido flanqueados, les impidió igualmente la reunión de
su caballería con la infantería, que andado toda la noche vagando sin dirección
determinada.
El coronel D. Carlos Tolrá
verificó su reunión con Rafecas en Sorzano, después de haber tenido un pequeño
encuentro con el enemigo, que le puse en bastante desconcierto. El mismo
comandante militar de Logroño avisaba que el día 18 había llegado a aquella
ciudad el coronel Amor con 250 infantes y 50 caballos para perseguir a la
facción de Basilio, lo que verificaba en el momento saliendo para Navarrete.
Según noticias de Navarra el
brigadier Oraá se hallaba el 17 reunido al general Lorenzo en Estella.
Boletín del comercio, 25 de marzo
1834. Vitoria 16 de marzo. En la mañana de este día
intentaron las facciones de Navarra y Alava reunidas una sorpresa contra esta
ciudad, que solo sirvió para proporcionar nuevas glorias a las armas de S. M.
la Reina nuestra Señora Doña Isabel II y su augusta Madre tutor y gobernadora.
En la noche del 14 al 15 se hallaban estas fuerzas compuestas de cuatro
batallones de Navarros al mando de Zumalacárregui, y los alaveses de Villareal,
Uranga y Areitio en la villa de Piedramillera, cerca de los Arcos de Navarra, a
tres leguas de Estella, ocupando otros pueblos a la parte de acá en distancia
de doce a nueve leguas de esta ciudad de Vitoria. Emprendieron su marcha en la
madrugada, habiendo bajado sin detención los pueblos de Onraita, las Vírgalas y otros
entre Maeztu y Salvatierra, a cuatro leguas de esta ciudad, y después de unas
dos o tres horas de descanso continuaron su marcha, habiéndose presentado a la
vista antes de las nueve de la mañana, desplegando sus fuerzas con bastante
orden en dos alas , la una dirigida por el Campo santo a las puertas de Sta.
Clara y la Florida, y la otra a la parle de Betoño, habiendo quedado Zumalacárregui
con una fuerte reserva en el alto de Sta. Lucía, y dirigiéndose otra al portal
del Rey, que guía para Navarra. Mas de 53 hombres de infantería, y más de 25o
caballos se pusieron en espectáculo, habiendo creído intimidar por este medio a
la valiente tropa y habitantes, o quienes el deber, la lealtad v sus más caros
intereses llamaban a la defensa. Por un movimiento simultáneo se
arrojaron todos al puesto del honor. La guarnición era sumamente reducida, y la
fuerza urbana estaba en los primeros ensayos de su organización; pero un
entusiasmo general suplió al número, inflamó a los leales, arrostró lodos los
riesgos, y preparó en la ciudad un hecho de armas superior a todo elogio, y de
un mérito difícil de describir.
El Excmo. señor comandante
general de estas provincias se presentó desde el primer momento en el mayor
peligro con una serenidad y valor que tiene poquísimos ejemplares. Él mismo en
persona salió a pie al frente de una pequeña partida, y sin olvidar las
disposiciones necesarias para los demás puntos atacados. Se arrojó con un
denuedo heroico sobre el grupo más numeroso, que arrolló y desconcertó, exponiéndose
a todos los riesgos. Su ejemplo fue seguido por los valientes oficiales a
quienes confió el mando de los destacamentos, y después de un fuego obstinado en
la puerta de Castilla y entrada de la Florida, por donde acometieron como unos
5oo hombres, habiendo algunos penetrado hasta el convento de S. Antonio y
almacén de la provincia, fueron por ambos puntos rechazados con vigor
impertérrito y notable pérdida suya, habiendo quedado siete muertos en los
contornos de la Florida y llevándose muchos heridos. El temor de omitir entre
tantos héroes la conmemoración de alguno que ha podido escaparse a la memoria,
nos pone en el caso de reservar por ahora su específica mención al Excmo. Sr.
comandante general, que sabrá apreciar el brillante mérito de cada uno, y
elevarlo a conocimiento de S. M. para los fines de su real servicio.
El valor y decisión impertérrito
de los urbanos estuvo en digna emulación con la tropa, y deben ser para ellos
muy satisfactorios los encarecidos elogios que todos los militares sin ninguna excepción
se complacían en prodigarles después de la victoria. Han admirado a los
valientes; han hecho cargas a la bayoneta, han penetrado en casas ocupadas por
los facciosos; han arrostrado toda clase de peligros, y en todas partes han
triunfado contra mayor número. Los comandantes respectivos no han dado todavía
sus partes circunstanciados, y solo el capitán de la primera compañía
comandante accidental del cuerpo don Manuel dé Ciórraga ha extendido el que se
inserta a continuación.
Milicia
Urbana de Vitoria
Llamado por el señor comisario regio
de esta provincia a las ocho y media de la mañana de hoy supe en el camino que
numerosas bandas de facciosos se aproximaban a esta ciudad, y que iba a
romperse el fuego en una de sus puertas. Di parte a S. S. de esta
inesperada novedad, rogándole que fuese al punto fortificado del campillo, para
poder dictar desde allí, con alguna más seguridad, las medidas oportunas,
cooperando con los jefes militares a salvarnos, y a salvar la población. Pareció
le acertada esta indicación, y le acompañé al campillo con otros leales. Este
era el punto de su reunión. El subteniente de urbanos D. Pedro de Egaña, uno de
los primeros que se me agregó con el fusil al hombro, fue comisionado por el
señor comisario regio al diputado general. Mientras tanto crecidos grupos de
urbanos, y ancianos, y chicos, yendo de un lado a otro, clamaban por armas y
por municiones. Traté lo primero de ponerlos en formación; con los ayudantes
Don Francisco de Jugo y Don Manuel de Echavarri, y les distribuimos luego
cartuchos y las armas que pudo haber. Ya en esto sentíamos un vivísimo fuego
por todas parles. «Urbanos, les dije, nuestros padres, nuestros hijos, nuestras
mujeres, nuestros hermanos, lodos los objetos de nuestro cariño, van a perecer
sino les defendemos. ¿Qué es la vida sin ellos y sin el honor? Corramos a
salvarlos. Que me sigan 20” .... Todos se precipitaron a esta indicación, y
hube de separar a los que estaban a la cabeza, con sentimiento de los demás.
Fusilamientos de Burjasot por parte de los carlistas a las órdenes de Cabrera, 1837.
Patrullar por las calles era mi
principal intento: pero al momento de bajar a ellas por la cuesta de la cárcel,
el fuego que hacían los facciosos en la puerta del Rey a los soldados que la defendían,
y que nos enfilaba y el ataque simultáneo y terrible que daban a otras puertas,
me hizo conocer lo crítico de nuestra situación, y la necesidad de lomar una
resolución temeraria. Continué mi marcha hasta frente del teatro nuevo, desde
donde un pequeño destacamento de tropa contenía a las fuerzas enemigas que entraban
por la puerta de las Barreras. Nuestra llegada les hizo afirmarse en su
determinación de sostener aquel punto, mucho más cuando me oyeron decir con
firmeza; «urbanos, adelante” y seguimos por la calle de San Francisco. La
bajada por la plaza vieja fue peligrosísima, porque estábamos al descubierto de
los fuegos que nos hacían de la entrada de la Florida, y luego de la puerta de
Castilla, de la que se habían apoderado de trescientos a cuatro cientos
facciosos. Pero ni un solo urbano titubeo en la marcha. Resguardados, mientras
se cargaron las armas, del ángulo de las casas llamadas de Echevarría,
estuvimos un rato batiéndonos, emulando con unos treinta soldados que al otro
costado de la calle de Santa Clara se habían igualmente escudado con la casa de
D. Quintin de Casas, estando a su cabeza el señor comandante general D. Joaquin
de Osma, y también V. S. «Es preciso dar una carga” dijo el general; y
"urbanos, a ellos” fue mi respuesta; y avanzamos a la carrera, y fue
nuestra la puerta de Castilla, y de los bravos del ejército. Solo D. Cayetano
Gallardo no pudo seguir por haber sido herido en el momento del avance.
Rechazados en este punto los facciosos, tocaron a retirada en los demás, y
continuamos persiguiéndoles por el paseo de la Florida y heredades inmediatas. Matamos
tres, cogimos un prisionero, un caballo, y algunos fusiles, siendo contuso
el urbano Bresler. Pero nos faltaban cartuchos, así como a la tropa, y hube de
destacar al cabo D. Antonio Serrano para que los trajese, como lo verificó, a
la sazón que un músico del regimiento núm. 3 de ligeros daba fin de un balazo
al osado cabecilla Chinchurreta, que había penetrado ya hasta
la calle de San Francisco. Pero no hubo necesidad de muchos más. Rechazados de
todas partes los facciosos, la victoria se decidió por los defensores de Isabel
II.
Aún no he recogido los partes de
los otros capitanes, pero es notorio que en todos los que ocuparon los urbanos,
ataques que dieron, se cubrieron de gloria. D. Benito de Urrutia, solo y
acaballo derribó y rindió al capitán Retana uno de los valentones de la
facción, que se internó por la calle de la Herrería, y un hijo del mismo
Urrutia de doce años estuvo haciendo fuego.
Acompaño la lista de los 22
valientes que tuve el honor de mandar en la toma de la puerta de Castilla, y no
puedo hacer de ellos elogio más particular que el de nombrarlos.
Lo que pongo en conocimiento de
V. S. para que se sirva elevarlo al de S, M. la Reina Gobernadora. Dios guarde
á V. S. muchos años. Vitoria 16 de marzo de 1834.
El capitán de la primera compañía
comandante accidental del cuerpo, Manuel de Ciórraga. =Sr. gobernador militar
de esta provincia. =Lista de los Urbanos de que se hace mérito en el oficio anterior.
=D. Rufino Serrano, sargento 1º de id., Ü. Francisco Morales, sargento 2° de
id., D. Manuel Garmendia, cabo 2º de id., D. Lázaro Iragorri, individuo del
ayuntamiento, D. Ambrosio Serrano, cabo 1° de la 3ª compañía, D. Eusebio
Iradier, cabo 2° de id., D. Juan José de Ugarte, D. Jacinto Aguado, D. Ignacio Echavarría,
D. Juan Manuel Velasco, D. Gregorio Villaoz, D. Policarpo Prado, D. Juan Manuel
Prado, D. Agustin Guereñu, Don Cayetano Gallardo, herido, D. Jorge Bresler,
contuso, D. Miguel Sarralde, D. Vicente Arce, D. Silvestre Martínez, D. Julián
de Nestares, D. Formerio Leiba, D. Ramón Espuelas, sargento 1º retirado, {los
de más partes se insertarán en el siguiente Boletín.)
El señor comisario regio en el
momento de esta inesperada novedad se presentó en el Campillo, punto principal
de reunión; arengó a los urbanos corroborando su valor y decisión; tomó las más
activas disposiciones, y trabajó con un celo y acierto, que sirvió eficazmente a
los interesantes fines de la defensa. La diputación general y junta particular
de provincia se ocupó igualmente en este importante objeto con cuantos medios
estaban a la mano, concurriendo lodos a donde llamaba el mejor servicio.
La justicia y ayuntamiento
desempeñó por su parte sus deberes con igual heroicidad, atendiendo con desvelo
infatigable a donde quiera que conviniera su presencia. Los facciosos que
penetraron más adelante en la ciudad fueron muertos o prisioneros; y si hubiera
llegado el caso de hacer uso de los cañones en los puntos a que estaban destinados,
hubiera sido más horrible el estrago; pero en medio de la inmensa superioridad
de su número Zumalacárregui conoció los riesgos azarosos de una empresa
semejante , y supo precaverlos con una retirada oportuna después de haber
tenido cerca de 3o muertos mayor número de prisioneros, y una porción
muy considerable de heridos que se llevaron consigo , habiendo quedado algunos
en la ciudad, sin que por nuestra parle hubiese habido más que tres soldados
muertos, un oficial herido, que murió al siguiente día, el ayudante del
comandante general que fue herido a su lado, y algunos otros, entre los que .se
cuentan seis urbanos, dos de gravedad.
Esta acción hubiera sido completamente
feliz si no hubiera ocurrido en Gamarra Mayor la desgraciada sorpresa de los
voluntarios de Álava, que después de una resistencia vigorosa fueron al fin
arrollados por unos 800 infantes y 100 caballos, rio siendo ellos más que 160,
de los que se salvaron 12 de caballería, el comandante y algunos oficiales con
varios soldados que sé pudieron ocultar o huir después de rendida la fuerza
mayor y de haber quedado muertos como unos 3o en la proximidad del pueblo. Los
prisioneros se entregaron bajo de la palabra de dárseles cuartel, y después de
habérseles puesto a lodos en camisa y a algunos sin ella en la misma desnudez
en que la naturaleza les echó al mundo, fueron así conducidos tres leguas hasta
el lugar de Heredia, en donde les dieron muerte feroz en número de 116.
Esta atrocidad inaudita ha causado una sensación violenta y sumamente enérgica
en todas las almas sensibles. En el pueblo fue tal el espanto, qué apenas hay
persona que no se haya resentido en su salud, y el espíritu público ha recibido
un impulso extraordinario cuál siempre producen los actos de inhumanidad entre
los hombres. Los batallones de Navarra después de emprendida la retirada caminaron
hasta Navarra cuatro leguas de esta ciudad, y los de Álava quedaron en Heredia
y sus contornos.
Aunque la diputación de la
provincia de Álava socorre con raciones a estas familias desgraciadas, y es de
esperar que cumplirá con la religiosidad y exactitud que tiene constantemente
acreditadas, los ofrecimientos que se hicieron para el alistamiento de
aquellos, los leales vecinos de Vitoria, guiados siempre por los principios
caritativos que distinguen al hombre religioso, han abierto una suscrición en
favor de las desgraciadas familias de estos infelices, con autorización del Sr.
D. Vicente Pereda , comisario regio de aquella provincia; y deseando interesar
en ella a los que en esta corte les estimule tan heroico ejemplo, se hace
público quedar habilitada para recibir las cantidades que se entregaren, la
casa librería de Brun, frente a las gradas de San Felipe el Real, dándose a su
tiempo publicidad de los suscritores.
La Revista española, 28 de marzo de 1834.
Ministerio de la Guerra. Real orden. Altamente satisfecha S. M. la Reina
Gobernadora del noble y leal comportamiento de la ciudad de Vitoria, no menos
que de las tropas y Milicia urbana que la guarnecían en el glorioso día 16 del
corriente, en que su valor y denuedo, rechazando las fuerzas considerablemente
superiores de las facciones reunidas de Navarra y de Alava , libraron a aquel
benemérito vecindario de las mayores desgracias , presentando al propio tiempo
un ejemplo digno de ser imitado en circunstancias semejantes por todos los
pueblos fieles a la causa de su augusta Hija ; y deseosa de dar una clara
muestra del grande aprecio que le merecen tan señalados servicios se ha dignado
resolver a nombre de la Reina nuestra Señora:
1º. Que en el centro del escudo
de armas de la ciudad de Vitoria se coloque un sobre escudo en el cual se vean
las iniciales de Isabel II, y sobre ellas una corona mural.
2º. Que, a todos los individuos
de tropa, así del ejército como de la Milicia urbana que hayan sido heridos, se
les ponga por el comandante general con la mayor solemnidad al frente de
banderas la cruz de Isabel II, concediéndoles al propio tiempo la alta paga
señalada para los que merezcan esta declaración.
3º. Que a todos los demás
individuos de dichas clases que se hayan distinguido, se les condecore con la
misma cruz.
4º. Que, respecto a los oficiales
heridos, o que se hayan distinguido, incluso el gobernador D. Pablo de la Peña
proponga el comandante general, como ya le está prevenido, las gracias a que les considere acreedores, concediendo
desde luego S. M. al mencionado comandante general el mariscal de campo D.
Joaquín de Osma la gran cruz de S. Fernando.
5º. Que la única hermana del
malogrado teniente de la Guardia Real D. José Salazar disfrute de la pensión
correspondiente en el montepío militar al empleo de teniente coronel.
6°. Que por el ministerio
correspondiente se señale a las familias de los demás individuos de la Milicia
urbana o naturales armados del país, que hayan fallecido en tan noble
contienda, una pensión compatible con las escaseces del erario. Real sitio de Aranjuez
25 de marzo de 1 834.
Boletín del comercio, 30 de marzo
de 1834. Teniendo en consideración S. M. la Reina Gobernador el
deplorable estado a que ha quedado reducida Anastasia Carrillo, vecina de
Logroño, consorte de Francisco Ortega, voluntario de Isabel II en las compañías
de Alava, asesinado por los facciosos después de haber caído en sus manos en la
gloriosa defensa de Vitoria, se ha servido S. M. conceder a dicha viuda ha
pensión de 10 reales de vellón diarios durante los días de su vida, trasmisible
a sus 8 hijos, con la calidad dé recíproca supervivencia, debiendo comenzar a
correr dicha pensión desde el día del fallecimiento de Ortega, y percibirse de
las cajas Reales de Logroño, con calidad de reintegro del fondo de
temporalidades de la mitra de León. De Real orden lo digo a V. S. para
su inteligencia y demás efectos convenientes. Dios guarde a V. S. muchos años.
Aranjuez 28 de marzo de 1834. = Garelly. =Sr. comisionado regio de Alava.
La Revista española, 12 de abril de 1834.
En el hospital de la ciudad de Vitoria, está curándose uno de los 116
voluntarios de Álava, fusilados atrozmente en Heredia, que tuvo la suerte de no
ser herido en parte principal.
Diario balear, 16 de abril de 1834. Cartas de Pamplona anuncian la llegada a aquella ciudad el 25, de 2.000 hombres de la Guardia real. Habiendo reunido el general Quesada unos 1.000 hombres les dirigió una enérgica alocución en la cual les habló de los muchos asesinatos cometidos por los facciosos en Vitoria.
Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales









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Es curioso que en tanto parte de guerra no salgan los Varona Salazar , que viviendo en las cercanías de Vitoria, siendo militares y muy carlistas no organizasen alguna columna. Y supongo que son parientes lejanos de los Salazar de Portugalete...
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