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sábado, 12 de septiembre de 2026

 

EFEMÉRIDE 12 SETIEMBRE 1887

 LA REINA REGENTE, MARÍA CRISTINA

EL MUELLE DE HIERRO DE PORTUGALETE 

La Ilustración española y americana

El Estandarte, 13 setiembre de 1887. Crónica de la vista regia a Portugalete. Después de visitar las Arenas al reina se dirigió por mar a Portugalete. En la falúa real embarcóse S. M. acompañada de las infantitas.

Al desembarcar la familia real, se la hizo un recibimiento tan entusiasta como lucido. La recibió el Ayuntamiento en pleno y el párroco, que con expresivas frases dio a S. M. la bienvenida en nombre de sus feligreses, agradecidos a la augusta visita.

 La falúa tiene forma de galera y en el castillo de proa hay un león dorado, y en la popa está el alcázar regio terminado con la corona real. La falúa iba tripulada por veinte mozos de Ondárroa. Con S. M. iban las duquesas de Bailén y Medina de las Torres. Al final del muelle alzábase una máquina de vapor sosteniendo el ultimo bloque que debía acabar las obras.

                                                                    Falúa real

Abría la marcha un concejal, llevando un precioso pendón de damasco bordado con oro seguía la Reina, A su derecha el alcalde, A la izquierda el presidente de la Diputación, después la princesa de Asturias, acompañada por la baronesa Bassilly y el duque de Sexto; luego la Infanta doña Teresa, con la camarista señorita Servet y el general Llanos; seguían los ministros, las duquesas de Medina de las Torres y Bailén, el duque de Medina Sidonia, el conde de Bilbao, el general Córdoba y otros altos funcionarios palatinos, cerrando la comitiva la muchedumbre que vitoreaba sin cesar a S. M.

Las señoras ocupaban las terrazas de las casas, arrojaban flores y palomas y daban vivas incesantes. La familia real anduvo a pie 800 metros hasta llegar a la punta del muelle, donde se verificó la ceremonia de la colocación de la última piedra, cuyo solemne acto bendijo el párroco.

Dentro de un pabellón había una mesa con los planos de la obra que iba a terminarse. S. M. la Reina cogió una paleta de acero de Eibar con incrustaciones de oro y echó la cal al encajar el bloque. Algunas olas, al romper contra el muelle, mojaron aparte de la comitiva.

Al terminar la colocación de la piedra, que es de mármol y tiene una inscripción alusiva a la presencia de la Reina, prorrumpió en atronadores vivas la concurrencia.

Acto seguido pasó la Reina al pabellón antes mencionado, donde vio el plano de las obras que se han realizado en el espacio de once años y que han importado 12.000.000 de pesetas.



También la fue mostrado el proyecto del puerto exterior en el Abra, presupuestado en 30.000.000 millones de pesetas, y que se construirá en doce años.

El ingeniero director D. Evaristo Cburruca, ilustre descendiente del gran marino contestó a cuantas preguntas le dirigió la Reina, quien conociendo los servicios que había prestado y las dotes que le adornaban, le agració esta tarde con la gran cruz de Isabel la Católica.

La comitiva desfiló por el muelle entre dos filas de trabajadores que tenían las boinas en las mano. Fuerzas de Careliano, ferales y carabineros cubrían la carrera desde el Ayuntamiento.

La comitiva se detuvo algunos momentos para contemplar las regatas en el muelle viejo, donde hallábase reunidos 60 prácticos de Portugalete, Santurce, Algorta y Ciérvana. La reina dedico algunas palabras a aquellos viejos marinos, como también lo hizo el Sr Rodríguez Aria.

El Liberal, 14 de setiembre de 1887. Mientras la reina y la comitiva recorrían el extremo del muelle viejo de Portugalete, celebráronse las regatas con animada concurrencia.

El resultado fue el siguiente: Embarcaciones de remo: premio de honor, Esperanza, de Bilbao; primero Chula, de Bilbao; segundo Cuco, de Santurce; tercero Urdiales, de Castro.

Lanchas de vela: primer premio Socorro, de Santurce; segundo Joven María, de ídem.

Regatas a remo: ganaron los dos primeros premios dos lanchas de Ondárroa, luchando con las de Bermeo, Santurce y Cerian.



La Reina después de disponer que regresen a Bilbao la princesa y la infanta para no alterar su régimen de vida y con objeto de que se recogiesen temprano, dirigióse a la casa municipal, donde se sirvió un espléndido lunch. Seguidamente trasladó a la iglesia, donde se cantó un Te Deum, siempre seguida de inmenso gentío que calurosamente la aclamaba.

Se embarcó S. M. cerca de las siete, y entonces empezó la fiesta fluvial, cuya magnificencia no tiene precedente en España.

En ambas orillas de la ría había colocadas 52 luces eléctricas y de bengala, y la costa estaba adornada con mástiles, gallardetes y banderas.

Delante de la falúa real salieron dos vaporcitos empavesados, y detrás de ella multitud de vapores, yachts, lanchas y botes, todos provistos de farolillos de colores, cuya artística colocación formaba bonitos dibujos.

De las Arenas a Bilbao había una fila interminable de carruajes particulares y de alquiler y de tranvías. Las alturas estaban coronadas con fogatas y los hornos de las fábricas estaban encendidos; todas las casas, sin excepción, estaban engalanadas e iluminadas con luces de colores.

En la ría, todos los buques nacionales y extranjeros estaban empavesados e iluminados y los marineros formaban en fila para saludar a la falúa real, que rodeada de más de 200 embarcaciones, algunas con bandas de música abordo, se deslizaba gallarda sobre el agua serena.

 Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales