GUERRAS CARLISTAS SANTURTZI 1874
La Época, 6 de mayo de 1874. Vi ayer
en Santurce los hospitales carlistas, que estos no pensaron en evacuar, bien al
contrario de lo que pasó en Algorta. Son cinco, y en todos ellos hay enfermos o
heridos. El mejor es sin duda alguna el de Murrieta, llamado así por ser este
el nombre de su fundador. Confieso que su aspecto despertó en mi alma cierto
sentimiento de envidia porque yo no he visto jamás, amigo mío, en nuestros
improvisados hospitales de sangre, ni en los antiguos de las poblaciones, ni en
parte ninguna, cosa que pueda igualarse al de Murrieta.
Cúrense allí 230 heridos, entre los cuales hay algunos soldados de nuestro ejército, que, habiendo caído en posiciones atacadas, pero no ganadas, quedaron prisioneros de los carlistas. Las salas del primer piso están dedicadas a oficiales, y las restantes a individuos de tropa. Descansan todos en camas de hierro, tienen buenos colchones, sábanas abundantes y muy limpias, cuanto puede proporcionar el más exquisito esmero. Los dependientes del establecimiento son todos carlistas, y el que no lo es lo parece al menos, llevan uniforme compuesto de pantalón, chaqueta y boina moradas. Sobre la boina una margarita de plata o metal blanco, con botón dorado, a entera semejanza de la flor que conocemos con aquel nombre.
La limpieza del hospital es extremada,
y magnífica la asistencia que en él reciben los heridos. El guardarropa apenas
puede contener las sábanas, colchas, vendajes, etcétera. Cuanto comen los
heridos, excepto la ración de bizcochos se condimenta dentro del
establecimiento. Hay en este ocho médicos y el número correspondiente de
practicantes. El encargado, mientras me acompañaba en la visita, me comentó que
todo aquello se pagaba con los fondos de las ambulancias y sociedades
particulares, sin que el ejército carlista hiciera otra cosa que dar a sus
heridos la ración de carne, la cual se aprovechaba para los caldos, y era excelente
según su estimación.
En la escuela de náutica, fundada
también por Murrieta, hay diez oficiales, convalecientes la mayor parte, y no
muy perseverantes por lo que veo en sus inclinaciones a la vida de aventurero.
Aurelio Gutiérrez Martín de vidales


Demasiado idílico me parece todo para ser cierto en tiempos de guerra.
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