miércoles, 11 de febrero de 2026

 

FAMILIA GRACIA BAMALA

LA GUERRA QUE SOLO UNOS PERDIERON


Para el escritor y chantajista Pérez-Reverte la guerra la perdimos todos y ese era el título de sus fracasadas jornadas sobre la Guerra Civil, y la realidad fue bien otra, la guerra la perdieron los que fueron masacrados por la aviación rebelde a la República. Este relato es una muestra de ello:

"Hay mucho invierno en esta foto de febrero de 1939, en esas miradas que conmueven las entrañas de las montañas. El hombre que encabeza la marcha es Mariano Gracia, llevando de la mano a su hija Alicia, que aún no ha cumplido los 8 años. Detrás van los otros dos hijos de Mariano. El más pequeño, Amadeo, acaba de cumplir 4 años. Si se fijan verán que le falta un pie. El mayor, Antonio, tiene 12 años.

Al pequeño Amadeo le ayuda a caminar un hombre al que también le falta un pie. No forma parte de la familia. O sí. Forma parte de algo más grande, la fraternidad humana, ese torrente sanguíneo que desborda cuerpos y borra las líneas de los mapas. Se llama Thomas Coll, vecino francés de Prats de Molló amputado en la carnicería de la I Guerra Mundial. Ha decidido ayudarles a pasar por el Coll d'Ares y hacer lo imposible para evitar que los gendarmes los separen como hacen con todas las familias.

El camino que lleva recorrido la familia Gracia Bamala empieza en Monzón, en el valle del Cinca. Allí se casaron Mariano Gracia, obrero en Azucarera Española, y Pilar Bamala, costurera. Allí nacieron Antonio, Alicia y Amadeo. Allí celebraron la llegada de la II República y allí la defendieron en julio del 36.

Mariano Gracia participa en la colectivización de Azucarera Española y, entre otras cosas, es el encargado de hacer sonar la sirena de la fábrica en caso de bombardeo. La sirena sonará el 20 de noviembre de 1937. Pilar Bamala, con sus hijos y cientos de vecinos, salen corriendo hacia el campo para no ser sepultados bajo escombros. Antonio vuelve a media carrera a casa para coger el dedal que ha olvidado su madre. A veces, la suerte cabe en un dedal.

Los pilotos fascistas se lanzan en picado sobre los civiles que corren por el campo intentando ponerse a salvo. Caen las bombas. Pilar se echa sobre su pequeño Amadeo para protegerlo con su cuerpo. Una vecina hace lo mismo sobre Alicia. La metralla se lleva la pierna de Alicia y el pie de Amadeo. La metralla se lleva la vida de la vecina que protege a Amadeo y revienta el vientre de Pilar, que tardará dos semanas en morir entre atroces dolores.

Mariano se fue con sus tres hijos a Barcelona y pudo ingresarlos en un centro de recuperación en La Garriga mientras él trabajaba de jardinero. Supo que los fascistas ocupaban Monzón en marzo de 1938, pero al menos estaban juntos. Y juntos se vieron inmersos en la Retirada, a pie, hacia Ripoll, Camprodón y finalmente Coll d'Ares. A media subida recibe noticias sobre las separaciones de familias al cruzar la frontera y se refugia en una cabaña de pastores, aturdido. Hasta esa cabaña se acerca Thomas Coll, decidido a ayudarles a pasar y hacer lo imposible para evitar que los gendarmes los separen. Pese a sus esfuerzos y los del alcalde y el médico de Prats de Molló, no lo conseguirá.

Los tres niños serán llevados al castillo refugio de Caussade y el padre, internado en un campo de concentración, tardará poco más de un año en morir enfermo de pena.

Antonio, Alicia y Amadeo fueron enviados de vuelta a Monzón, con sus abuelos. A Antonio lo pusieron a trabajar y Alicia y Amadeo acabaron pasando 12 años en el orfelinato del Auxilio Social sometidos a un régimen de hambre y piojos. Ese era el Régimen franquista para los vencidos. Un régimen que provoca anemia en la memoria de muchos.

'No. Yo no puedo, aunque quiera, perdonar, ni olvidar. Perdonar, ¿por qué? ¿Acaso han pedido alguna vez perdón ellos? No odio, aunque sí odié; no quiero revanchas, aunque en otro tiempo las deseé. No me importa lo que piensen, no siento rencor alguno, ni alegría, ni nada hacia ellos, simplemente un profundo y absoluto desprecio".

Relato de Amadeo Gracia Bamala, prestado de una publicación de Toni Álvaro.

Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales

 

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