sábado, 31 de enero de 2026

 

SUCESOS EN SANTURCE-LA PAZ CONSERVADORA DEL AÑO 1891

Monumento en Galdames, José María Martínez de las Rivas

Si el 17 de julio de 1934 a causa de una disputa entre dos grupos de jóvenes, moría asesinado en Santurtzi el militante de ANV, José Luis Garaizabal Miguel, en el mes de febrero del año 1891 a resultas de las celebraciones por el resultado de unas selecciones, también en Santurtzi se vivió algo parecido en una disputa entre personas de diferente signo político.

Durante el mes de febrero del año 1891 en diferentes fechas se celebraron el día 1 las Elecciones Generales y el día 15 las del Senado. En las primeras, salió elegido diputado al Congreso José María Martínez de las Rivas entonces partidario del Partido Conservador y en las segundas como senador Víctor Chavarri y Salazar partidario de Sagasta-liberal, (en el año 1895 se integraría en el Partido Conservador, su espacio natural), dos patronos de diferente signo político. Unas elecciones donde las pesetas y duros en una pieza corrían de una mano electa a la de los trabajadores votantes para que después fueran gastarlas mayormente en jolgorios en las tabernas locales.



Acerca de los sucesos de Santurce y la prensa de Bilbao los siguientes detalles:

«El lunes, (16 de febrero) por la noche formose en Santurce dos grandes grupos, uno de chavarristas, que dabas vivas al Sr. Chavarri, y otro de martinistas, que gritaban en loor del Sr. Martínez Rivas.

 Hubo un momento en que se encontraron los dos grupos: cambiaronse entre los que los componían palabras más o menos fuertes, y unos y otros vinieron a las manos, recibiendo uno de los partidarios del Sr. Chavarri una puñalada que, aunque dirigida al pecho, le atravesó una mano, por haber interpuesto ésta.

Dado parte inmediatamente a la autoridad, el señor teniente alcalde de Santurce ordenó la detención del agresor, la cura del herido en una botica y la disolución de los grupos, todo lo cual se efectúo inmediatamente.



Acto seguido dicho señor teniente alcalde pasó el correspondiente parte al juzgado, cuya disposición puso al autor de la herida. Al día siguiente por la mañana, o sea ayer martes, se personaron en Bilbao cuatro o cinco martinistas, entre ellos el secretario del Ayuntamiento, y manifestaron al gobernador que uno de los suyos había sido preso, contando, como puede suponerse, las cosa a su manera. El señor gobernador dio orden para que el delegado especial de vigilancia, Sr. Marsal, se trasladara a Santurce con siete u ocho agentes a sus órdenes y así se hizo, comenzando aquí la odisea del Sr. Marsal.

El delegado apenas llegó a Santurce mandó poner en libertad al preso (que no debe olvidarse estaba ya a disposición del juzgado), para interrogarle, y detuvo a los serenos y aun escribiente de la secretarla del Ayuntamiento, cuyo local puede decirse que toma por asalto, allanándolo. Avisado el alcalde, que estaba en Ortuella, se trasladó inmediatamente a Santurce, no sin avisar antes a un notario de Portugalete para que levantase acta de lo que ocurriera y a una pareja de miñones para que auxiliasen su autoridad en caso necesario.



Y aquí entra lo bueno. El Sr. Marsal, no solo mandó detener por sí y ante sí al teniente alcalde, sino que intentó hacer lo mismo con el alcalde, y aun estuvo a punto de promover un triste conflicto mandando a los miñones que se pusieran a sus órdenes y desobedecieran al alcalde, conflicto que se evitó por la prudencia y tacto de la autoridad municipal.

También mandó subir precipitadamente a los agentes a sus órdenes para que atropellaran al alcalde, como así hubieran hecho, si éste, aunque revestido de autoridad, no hubiese tenido la precaución de esquivarse a tiempo, viendo que allí sólo valía la fuerza.



No tenemos tiempo para detallar la serie de abusos y atropellos cometidos ayer en Santurce por el Sr. Marsal. Baste decir que, de todo ello, así del hecho de haber puesto en libertad a un preso que estaba a disposición del juzgado, como del allanamiento de la Casa Consistorial, y de los atropellos cometidos en la persona de la autoridad municipal, se ha dado cuenta al juzgado de instrucción; por cierto, que éste, habiendo llamado ayer al Sr. Marsal a declarar, y habiéndose negado a ello el delegado, lo ha hecho constar así en la sumaria abierta para los efectos consiguientes.»  La República, 21-2-1891

Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales

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