SUCESOS EN
SANTURCE-LA PAZ CONSERVADORA DEL AÑO 1891
Si el 17 de julio de 1934 a causa
de una disputa entre dos grupos de jóvenes, moría asesinado en Santurtzi el militante de ANV, José Luis Garaizabal Miguel, en el mes de febrero del año
1891 a resultas de las celebraciones por el resultado de unas selecciones,
también en Santurtzi se vivió algo parecido en una disputa entre personas de
diferente signo político.
Durante el mes de febrero del año 1891 en diferentes fechas se
celebraron el día 1 las Elecciones Generales y el día 15 las del Senado.
En las primeras, salió elegido diputado al Congreso José María Martínez de las Rivas entonces partidario del Partido Conservador y en las segundas como senador
Víctor Chavarri y Salazar partidario de Sagasta-liberal, (en el año 1895 se integraría en
el Partido Conservador, su espacio natural), dos patronos de diferente signo
político. Unas elecciones donde las pesetas y duros en una pieza corrían de una
mano electa a la de los trabajadores votantes para que después fueran gastarlas
mayormente en jolgorios en las tabernas locales.
Acerca de los sucesos de Santurce
y la prensa de Bilbao los siguientes detalles:
«El lunes, (16 de febrero) por la
noche formose en Santurce dos grandes grupos, uno de chavarristas, que
dabas vivas al Sr. Chavarri, y otro de martinistas, que gritaban en loor
del Sr. Martínez Rivas.
Hubo un momento en que se encontraron los dos grupos:
cambiaronse entre los que los componían palabras más o menos fuertes, y unos y
otros vinieron a las manos, recibiendo uno de los partidarios del Sr. Chavarri
una puñalada que, aunque dirigida al pecho, le atravesó una mano, por haber
interpuesto ésta.
Dado parte inmediatamente a la
autoridad, el señor teniente alcalde de Santurce ordenó la detención del
agresor, la cura del herido en una botica y la disolución de los grupos, todo
lo cual se efectúo inmediatamente.
Acto seguido dicho señor teniente
alcalde pasó el correspondiente parte al juzgado, cuya disposición puso al
autor de la herida. Al día siguiente por la mañana, o sea ayer martes, se
personaron en Bilbao cuatro o cinco martinistas, entre ellos el
secretario del Ayuntamiento, y manifestaron al gobernador que uno de los suyos había
sido preso, contando, como puede suponerse, las cosa a su manera. El señor
gobernador dio orden para que el delegado especial de vigilancia, Sr. Marsal,
se trasladara a Santurce con siete u ocho agentes a sus órdenes y así se hizo,
comenzando aquí la odisea del Sr. Marsal.
El delegado apenas llegó a
Santurce mandó poner en libertad al preso (que no debe olvidarse estaba ya a disposición
del juzgado), para interrogarle, y detuvo a los serenos y aun escribiente de la
secretarla del Ayuntamiento, cuyo local puede decirse que toma por asalto,
allanándolo. Avisado el alcalde, que estaba en Ortuella, se trasladó inmediatamente
a Santurce, no sin avisar antes a un notario de Portugalete para que levantase acta
de lo que ocurriera y a una pareja de miñones para que auxiliasen su autoridad
en caso necesario.
Y aquí entra lo bueno. El Sr.
Marsal, no solo mandó detener por sí y ante sí al teniente alcalde, sino que
intentó hacer lo mismo con el alcalde, y aun estuvo a punto de promover un
triste conflicto mandando a los miñones que se pusieran a sus órdenes y
desobedecieran al alcalde, conflicto que se evitó por la prudencia y tacto de
la autoridad municipal.
También mandó subir
precipitadamente a los agentes a sus órdenes para que atropellaran al
alcalde, como así hubieran hecho, si éste, aunque revestido de autoridad, no
hubiese tenido la precaución de esquivarse a tiempo, viendo que allí sólo valía
la fuerza.
No tenemos tiempo para detallar
la serie de abusos y atropellos cometidos ayer en Santurce por el Sr. Marsal.
Baste decir que, de todo ello, así del hecho de haber puesto en libertad a un
preso que estaba a disposición del juzgado, como del allanamiento de la Casa
Consistorial, y de los atropellos cometidos en la persona de la autoridad
municipal, se ha dado cuenta al juzgado de instrucción; por cierto, que éste,
habiendo llamado ayer al Sr. Marsal a declarar, y habiéndose negado a ello el
delegado, lo ha hecho constar así en la sumaria abierta para los efectos
consiguientes.» La República,
21-2-1891
Aurelio Gutiérrez Martín de
Vidales






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