EFEMÉRIDE 12 SETIEMBRE 1887
LA
REINA REGENTE, MARÍA CRISTINA
EL MUELLE DE
HIERRO DE PORTUGALETE
El Estandarte, 13 setiembre de
1887.
Crónica de la vista regia a Portugalete. Después de visitar las Arenas al reina
se dirigió por mar a portugalete. En la falúa real embarcóse S. M. acompañada
de las infantitas.
Al
desembarcar la familia real, se la hizo un recibimiento tan entusiasta como
lucido. La recibió el Ayuntamiento en pleno y el párroco, que con expresivas
frases dio a S. M. la bienvenida en nombre de sus feligreses, agradecidos a la
augusta visita.
La falúa tiene forma de galera y en el castillo de proa hay un león dorado, y en la popa está el alcázar regio terminado con la corona real. La falúa iba tripulada por veinte mozos de Ondárroa. Con S. M. iban las duquesas de Bailen y Medina de las Torres. Al final del muelle alzábase una máquina de vapor sosteniendo el ultimo bloque que debía acabar las obras.
Falúa realAbría la marcha un concejal,
llevando un precioso pendón de damasco bordado con oro seguía la Reina, A su
derecha el alcalde, A la izquierda el presidente de la Diputación, después la
princesa de Asturias, acompañada por la baronesa Bassilly y el duque de Sexto; luego
la Infanta doña Teresa, con la camarista señorita Servet y el general Llanos;
seguían los ministros, las duquesas de Medina de las Torres y Bailén, el duque
de Medina Sidonia, el conde de Bilbao, el general Córdoba y otros altos
funcionarios palatinos, cerrando la comitiva la muchedumbre que vitoreaba sin
cesar a S. M.
Las señoras ocupaban las terrazas
de las casas, arrojaban flores y palomas y daban vivas incesantes. La familia
real anduvo a pie 800 metros hasta llegar a la punta del muelle, donde se verificó
la ceremonia de la colocación de la última piedra, cuyo solemne acto bendijo el
párroco.
Dentro de un pabellón había una
mesa con los planos de la obra que iba a terminarse. S. M. la Reina cogió una
paleta de acero de Eibar con incrustaciones de oro y echó la cal al encajar el
bloque. Algunas olas, al romper contra el muelle, mojaron aparte de la
comitiva.
Al terminar la colocación de la
piedra, que es de mármol y tiene una inscripción alusiva a la presencia de la
Reina, prorrumpió en atronadores vivas la concurrencia.
Acto seguido pasó la Reina al
pabellón antes mencionado, donde vio el plano de las obras que se han realizado
en el espacio de once años y que han importado 12.000.000 de pesetas.
También la fue mostrado el
proyecto del puerto exterior en el Abra, presupuestado en 30.000.000 millones de
pesetas, y que se construirá en doce años.
El ingeniero director D. Evaristo
Cburruca, ilustre descendiente del gran marino contestó a cuantas preguntas le
dirigió la Reina, quien conociendo los servicios que había prestado y las dotes
que le adornaban, le agració esta tarde con la gran cruz de Isabel la Católica.
La comitiva desfiló por el muelle entre dos filas
de trabajadores que tenían las boinas en las mano. Fuerzas de Careliano,
ferales y carabineros cubrían la carrera desde el Ayuntamiento.
La comitiva se detuvo algunos
momentos para contemplar las regatas en el muelle viejo, donde hallábase
reunidos 60 prácticos de Portugalete, Santurce, Algorta y Ciérvana. La reina
dedico algunas palabras a aquellos viejos marinos, como también lo hizo el Sr
Rodríguez Aria.
El Liberal, 14 de setiembre de
1887. Mientras la reina y la comitiva recorrían el extremo del muelle viejo
de Portugalete, celebráronse las regatas con animada concurrencia.
El resultado fue el siguiente: Embarcaciones
de remo: premio de honor, Esperanza, de Bilbao; primero Chula, de Bilbao; segundo
Cuco, de Santurce; tercero Urdiales, de Castro.
Lanchas de vela: primer premio Socorro,
de Santurce; segundo Joven María, de ídem.
Regatas a remo: ganaron los dos
primeros premios dos lanchas de Ondárroa, luchando con las de Bermeo, Santurce
y Cerian.
La Reina después de disponer que
regresen a Bilbao la princesa y la infanta para no alterar su régimen de vida y
con objeto de que se recogiesen temprano, dirigióse a la casa municipal, donde
se sirvió un espléndido lunch. Seguidamente trasladó a la iglesia, donde se cantó
un Te Deum, siempre seguida de inmenso gentío que calurosamente la aclamaba.
Se embarcó S. M. cerca de las
siete, y entonces empezó la fiesta fluvial, cuya magnificencia no tiene
precedente en España.
En ambas orillas de la ría había
colocadas 52 luces eléctricas y de bengala, y la costa estaba adornada con
mástiles, gallardetes y banderas.
Delante de la falúa real salieron
dos vaporcitos empavesados, y detrás de ella multitud de vapores, yachts,
lanchas y botes, todos provistos de farolillos de colores, cuya artística colocación
formaba bonitos dibujos.
De las Arenas a Bilbao había una
fila interminable de carruajes particulares y de alquiler y de tranvías. Las
alturas estaban coronadas con fogatas y los hornos de las fábricas estaban
encendidos; todas las casas, sin excepción, estaban engalanadas e iluminadas
con luces de colores.
En la ría, todos los buques
nacionales y extranjeros estaban empavesados e iluminados y los marineros
formaban en fila para saludar a la falúa real, que rodeada de más de 200 embarcaciones,
algunas con bandas de música abordo, se deslizaba gallarda sobre el agua serena.
Aurelio Gutiérrez Martín de Vidales













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